domingo, 25 de mayo de 2014

Semana 11

Con el cambio en las tecnologías, aparece el consumo como cultura y el mismo sistema económico permite que las personas enfermen por comprar todo lo que sale al mercado a diario. El concepto de obsolencia programada se ajusta muy bien al caso, disminuyendo la calidad de los productos para lograr una mayor vida útil. Este es solo un ejemplo para exponer como el mismo desarrollo tecnológico implica cambios de todo tipo en las diferentes áreas de la vida.

La búsqueda de la información cambió de formato, anteriormente debíamos desplazarnos hasta las bibliotecas que poseían toda fuente de información y conocimiento. Ahora al simple alcance de un click encontramos todo lo que deseamos al instante, antes comprábamos libros, ahora los descargamos, y de ahí para adelante podemos encontrar miles de diferencias entre el viejo y romántico libro impreso, y el nuevo modo de leer en línea: estructuralmente ramificado. Sin embrago tanto desarrollo significa una  “desventaja”, algo así como una pereza mental que tiende a convertirse en dependencia;  patología adictiva por todo lo tecnológico, o en especial por todo lo que tiene que ver con las redes sociales como Facebook.  Por otro lado el romanticismo del libro acoge al lector de manera que lo atrapa entre la riqueza del lenguaje que ofrece mil maneras más de imaginar que una imagen que le es fiel a la realidad. Sin hablar de la intimidad, una sensación de identificación que siente el lector por el texto impreso, imposible de remplazar. Las posibilidades de tenerlo, hacer anotaciones al pie de página, tacharlo o subrayarlos, hacen del texto un baluarte que perdura en el tiempo y se adapta a toda época sin ninguna dificultad, por el contrario marcando el liderazgo en un mundo cada vez más globalizado. El trabajo en red se convirtió en una realidad materializada, al permitir compartir documentos en línea con la posibilidad de futuras ediciones. Por último exploramos la posibilidad de buscar información mediante los filtros, que son el fundamento que impulsó al mismo Google hacia el éxito rotundo como buscador. Larry Page y Serguei Brin comenzarían su actual emporio en el noventa y seis, situado en Silicon Valley, como un proyecto de carácter universitario que carecía de fondos para su completa ejecución, sin embargo su empuje, talento y dedicación permitieron llevar a cabo convertir el mundo de la informática, no solo en un negocio rentable, sino de vanguardia que se podría resumir con la siguiente afirmación que se usa muy comúnmente ¡Si no lo tienes, no estás en la moda!    

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