Con el cambio en las
tecnologías, aparece el consumo como cultura y el mismo sistema económico
permite que las personas enfermen por comprar todo lo que sale al mercado a
diario. El concepto de obsolencia programada se ajusta muy bien al caso,
disminuyendo la calidad de los productos para lograr una mayor vida útil. Este
es solo un ejemplo para exponer como el mismo desarrollo tecnológico implica
cambios de todo tipo en las diferentes áreas de la vida.
La búsqueda de la
información cambió de formato, anteriormente debíamos desplazarnos hasta las bibliotecas
que poseían toda fuente de información y conocimiento. Ahora al simple alcance
de un click encontramos todo lo que deseamos al instante, antes comprábamos
libros, ahora los descargamos, y de ahí para adelante podemos encontrar miles
de diferencias entre el viejo y romántico libro impreso, y el nuevo modo de
leer en línea: estructuralmente ramificado. Sin embrago tanto desarrollo
significa una “desventaja”, algo así
como una pereza mental que tiende a convertirse en dependencia; patología adictiva por todo lo tecnológico, o en
especial por todo lo que tiene que ver con las redes sociales como Facebook. Por otro lado el romanticismo del libro acoge
al lector de manera que lo atrapa entre la riqueza del lenguaje que ofrece mil
maneras más de imaginar que una imagen que le es fiel a la realidad. Sin hablar
de la intimidad, una sensación de identificación que siente el lector por el
texto impreso, imposible de remplazar. Las posibilidades de tenerlo, hacer
anotaciones al pie de página, tacharlo o subrayarlos, hacen del texto un baluarte
que perdura en el tiempo y se adapta a toda época sin ninguna dificultad, por
el contrario marcando el liderazgo en un mundo cada vez más globalizado. El
trabajo en red se convirtió en una realidad materializada, al permitir
compartir documentos en línea con la posibilidad de futuras ediciones. Por último
exploramos la posibilidad de buscar información mediante los filtros, que son
el fundamento que impulsó al mismo Google hacia el éxito rotundo como buscador.
Larry Page y Serguei Brin comenzarían su actual emporio en el noventa y seis,
situado en Silicon Valley, como un proyecto de carácter universitario que carecía
de fondos para su completa ejecución, sin embargo su empuje, talento y
dedicación permitieron llevar a cabo convertir el mundo de la informática, no
solo en un negocio rentable, sino de vanguardia que se podría resumir con la
siguiente afirmación que se usa muy comúnmente ¡Si no lo tienes, no estás en la
moda!
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